El General de la Orden, P. Juan Bautista (de Caporrendo y Río) y su Definitorio celebrado en Sevilla en 1644 elige a las Hermanas que han de ir a la nueva casa.

Fueron M. Magdalena de Jesús (Medina Carrilo de Mendoza y Guzmán), emparentada con los duques y profesa del convento de Sevilla, en calidad de Vicaria. Como supriora M. Isabel de Jesús María (de Pareja) profesa de Málaga. Las Hermanas Isabel María de Cristo (de Loaysa), natural y profesa de Sanlúcar la Mayor, Catalina de Jesús (del Pozo) de Cabra y profesa de Jaén, y Catalina María de la Santísima Trinidad (C. de Valderrama) natural y profesa del Convento de Sevilla. Además de una doncella en calidad de novicia llamada María de San Miguel que se les agregó en la capital andaluza.

La Madre Magdalena, antes de salir de Sevilla, conociendo la precaria situación en que se encontrarían al llegar a Sanlúcar, pidió ayuda y el Inquisidor del Consejo Supremo de Madrid, D. Francisco de Rioja les donó 4.000 ducados y preciosas alhajas para el culto. Doña Isabel de Baena Núñez de Illescas dio también 4.000 ducados, con lo que vieron solucionada la economía por entonces.

Llegaron a Sanlúcar el 23 de septiembre de 1644, dicen las crónicas, “fueron recibidas con gran aplauso y acompañamiento…” Y se hospedaron en casa de Doña María Durán hasta que ocho días más tarde se pasaron a unas casas inmediatas a la Ermita de San Nicolás, donde el domingo 2 de octubre el Vicario de la ciudad, D. Rodrigo Arias de la Puebla, celebró Misa, reservó el Santísimo y estableció la clausura, quedando así inaugurada la fundación con el título de Santa Teresa.

Cuatro años más tarde, el 14 de julio de 1648, ayudadas por el P. Prior de allí, Fray Juan de San Andrés, se establecieron en las casas del mayorazgo de D. Juan de Ledesma, aunque tampoco aquí pudieron perseverar y se trasladaron de nuevo a unas casas junto a la Ermita de San Miguel.

La traslación se hizo el 23 de abril de 1649, siendo Priora la M. María de San Pablo. Aquí encontrarían serias dificultades con la cofradía de San Juan de Letrán. La Iglesia de la Cofradía debía servir también para las religiosas. Por la paz de ellas, las Hermanas decidieron hacer iglesia propia y el Obispo D. Diego de Riquelme de Quirós, legó su herencia al convento, unos veinte mil ducados, aunque al Convento solo llegaron 8.000. Con ellos se iniciaron las obras. Y en la Providencia del Señor, más tarde recibieron herencia del Presidente de Castilla, la dote de la Hermana Bernarda de la Asunción diez mil ducados, y hasta de Indias ayudó un familiar de la M. Leonor de la Madre de Dios con cuatro mil ducados.

D. Diego de Olmedo y Ormasa, Gobernador de Comayagua, al volver a Sanlúcar y viendo la necesidad que tenían las Hermanas para finalizar las obras, se hizo cargo de la dirección de la misma y donó catorce mil cuatrocientos reales. En este año, el Papa Clemente X proclamó la beatificación de Juan de la Cruz, y por este motivo insistieron en la aceleración de las obras, quedando terminada la iglesia el 12 de octubre de 1675, siendo priora la M. Catalina de la Presentación.

Julián Oslé Muñoz, en su obra “El Convento de Santa Teresa de las Carmelitas Descalzas” afirma que “el edificio conventual, apenas ha sufrido transformaciones desde su concepción originaria, siendo de planta casi rectangular enmarcado entre las calles Descalzas y Pozo Amarguillo, ocupando la mayor parte del área de la manzana. La fachada corresponde a la “Calle de las Monjas Descalzas”, nombre que aparece en un azulejo del siglo XVIII al iniciarse la cuesta de esta vía”.

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