Las circunstancias –siempre providenciales- de este feliz acontecimiento fueron las siguientes: D. Pedro Verdejo de Béjar, sacerdote, vivía en Bujalance con su sobrina María Moreno. Un día, estando María despidiéndose de una amiga, Elvira, beata del Carmen, ésta le insistió que se quedara con ella,
que no haría falta en Bujalance hasta que su tío fundase un convento de Carmelitas Descalzas.

D. Pedro, que había estado presente y escuchado esta insinuación inesperada, pensó seriamente en el proyecto y se puso en contacto con el Provincial de Andalucía la Baja, Fr. Rodrigo de San José, para obtener de la Orden las licencias necesarias para llevar a cabo esta fundación de hijas de Santa Teresa. Pero apenas iniciado el proyecto, D. Pedro falleció, casualmente en la misma fecha que Santa Teresa, dejando en su testamento lo necesario para llevarlo a cabo la obra. Asignaba para este fin dos mil seiscientos setenta y dos olivos, un lagar en la Sierra de Montilla con viñas, higueras y olivos, dos acres de tierra y unas casas principales, legando además las casas de su propiedad donde habitaba en Bujalance. Más una buena cantidad de dinero y una plaza para la M. Elvira. De todo ésto sería desposeída la comunidad por el ministro Mendizábal en 1835.

Al morir D. Pedro, su hermano Juan Verdejo, también sacerdote y devoto de la Santa, emprendió las obras con rapidez y cuando ya estaban puestos los cimientos de la iglesia, muere y quedan paralizadas las obras. La hacienda pasa por momentos difíciles pues quedó en malas manos. Nada se supo tampoco de la cantidad de dinero que había dejado al morir y desaparecieron las escrituras de las fincas de D. Pedro, costando no poco recuperarlas. Doña Elvira logró obtener la licencia de la Orden el 16 de Mayo de 1699, la del obispo D. Pedro de Salazar el 15 de abril de 1700. Y la más difícil en conseguir, la del Consejo de Castilla se pudo obtener el 18 de mayo de 1706 gracias a D. Juan de la Peña, abogado de los Reales Consejos que acababa de recuperar la salud por medio de Santa Teresa y muy agradecido ayudó a la M. Elvira hasta conseguirlo. Los Duques de Béjar, viendo el celo de la Madre Elvira por esta fundación que había de llevar el título de Santa Teresa, se ofrecieron a ser sus patronos.

El P. Provincial, Fr. Miguel de Cristo, cumpliendo órdenes del Definitorio General celebrado en mayo de 1708 nombró fundadoras a la M. Bernarda Teresa de Jesús, priora de Sanlúcar de Barrameda; como vicaria o supriora, Catalina de la Presentación, de Córdoba. Y las Hnas. María de San Fabián, profesa de Sanlúcar la Mayor, Francisca de San Elías, de Lucena; María Jesús Nazareno de Écija; Inés de la Concepción, de Aguilar de la Frontera y de Puente de Don Gonzalo, Teresa María de Jesús.

Reunidas en Córdoba, partieron para Bujalance, acompañadas del P. Andrés de Jesús María, Prior de los Remedios de Sevilla y el el P. Pedro de San Gregorio. Al llegar, fueron recibidas con gran alegría por el Clero, Consejo y pueblo, y por los PP Descalzos que había desde los tiempos de San Juan de la Cruz.

Tomaron posesión del convento situado en la Puerta y Plaza de la Cruz, el 22 de junio de 1708. Trasladándose el Ssmo. Sacramento desde la Parroquia por D, Bernardo Velázquez, canónigo de la Catedral de Córdoba, el día 24 del mismo mes considerado este día como fecha oficial de la fundación. Fue de tanto gozo para el pueblo la venida de las Hermanas que en menos de un año había siete novicias. Un matrimonio bujalanceño, formado por D. Francisco de la Reina y doña Francisca García, de gran generosidad, llevaron a cabo la construcción de la iglesia en el año 1766, con coros y sacristías, obra que se terminó en 1772, siendo inaugurada el 24 de noviembre de ese mismo año.